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LA JUVENTUD QUE SUENA CON LA MONTAÑA

En Murillo hay muchas historias que contar, es un territorio que parece abrazado por la niebla y las cumbres del Parque Nacional Natural Los Nevados y, en el, la juventud rural late con fuerza en medio de los frailejones y el frío.
Allí, en donde cada amanecer es distinto y el viento trae olor a páramo, se forjan los sueños de quienes crecieron entre la tierra, el agua y la montaña.
Uno de ellos es Juan Diego Peláez Pérez, campesino, bombero, guardaparques y tecnólogo en guianza turística. A simple vista parece que la montaña lo ha llenado de oficios, pero él insiste en que, más que profesiones, son maneras de estar agradecido con el territorio.
“Yo creo que estoy enamorado de la biodiversidad que tenemos”, dice con una sonrisa tímida, pero con la seguridad de quien sabe que la naturaleza es un hogar y no solo un paisaje.
Desde niño aprendió a valorar la tierra, y hoy, convertido en guardián del parque y en educador ambiental, siente que cada paso dado en la montaña es también un acto de esperanza.


La juventud rural, como la de Juan Diego, carga con un doble reto: quedarse o irse. Mientras muchos buscan otros horizontes en las ciudades, él ha decidido permanecer y demostrar que en el territorio también se pueden cumplir sueños. “El transcurso de la vida me ha premiado con estar en los lugares que soñé”, afirma, convencido de que apropiarse de lo propio es la mayor forma de resistencia.
El páramo, para él, no es solo un ecosistema. Es un templo. Allí aprendió que la educación ambiental no comienza en los libros, sino en el asombro que produce la primera vez que se toca un frailejón o se contempla el vuelo de un cóndor. “Abrir las puertas del territorio —explica— es también abrirnos a conocernos y a reconocernos. Solo así entendemos que Colombia lo tiene todo”.
En sus palabras vibra algo más que gratitud: vibra la certeza de que la montaña puede ser maestra de vida. Y aunque todavía le quedan muchas metas por cumplir, Juan Diego no se siente apurado. Como los ríos que nacen del páramo, confía en que su camino fluirá hacia lo grande.
La juventud rural en Murillo se reconoce en él. Son jóvenes que sueñan con estudiar, servir y proteger. Que creen en la tierra como proyecto de vida. Que saben que permanecer es también un acto de futuro.
“Vamos por la apropiación del territorio para el cuidado de nuestros ecosistemas”, repite Juan Diego. Y en esa frase cabe el sueño de toda una generación que ve en la montaña no solo un lugar para vivir, sino la raíz misma de su destino.

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